Pueblo Gregorio Aznárez, ruta 9, km 87.
Es 24 de diciembre de 1948, las campanas anuncian la “misa
de gallo”, desde las chacras se ven llegar carretas, alumbradas con faroles, y sobre ellas familias
que llegan a la celebración.
La Parroquia Sagrada
Familia cumplirá setenta años en 2017,
fue construida desde 1943 a 1947. Los
vecinos más longevos de este pueblo cuentan que antes de que se inaugurara el templo
los sacramentos de la iglesia católica se celebraban en la ex Fábrica Rausa, y se registraban en la parroquia de la
ciudad de Pan de Azúcar.
El padre Matías Acebes llegó hace siete años, es español e
integrante de la congregación de Los Palotinos. Aunque en los primeros meses
tuvo que convivir con ratas, arañas y hormigas, le tomó cariño al pueblo, y se quedó. La casa parroquial
estaba en situación ruinosa, el suelo del dormitorio tenía un hormiguero debajo
y en el comedor, estaba hundido. El catequista
Guido Colman explica “muchas de las
cosas las arregló él mismo, hace de albañil, de carpintero.” El techo de la
casa tenía abejas, goteras y
murciélagos, en el temporal del 23 de agosto de dos mil cinco perdió unas
chapas que fueron repuestas de forma provisoria. Mario De león, un albañil del
pueblo cambió el techo.
Para los 70 años “queremos
tener la reforma hecha para que esté más confortable, colocar
cielorraso para tener menos frio en invierno y menos calor en verano,
y al mismo tiempo evitar que los
murciélagos entren.” Además el techo tendrá algunas chapas transparentes para
que permitan el ingreso de la luz natural.
En las últimas semanas
de abril y primeras de mayo Colmán y el padre Matías trasladaron, en seis o
siete viajes de camioneta los 27 bancos
y las imágenes para el Colegio Presentación de la Virgen Niña. “Fuimos trayendo
de a tres bancos por viaje –nos cuenta Colmán- al principio dejamos ocho, para
las últimas misas que se dieron en la parroquia”.
Ahora los dos Ángeles, San Francisco de Asís y San Francisco Labrador, estás guardados en un
aula del colegio. “El problema con las
imágenes era que nos sabíamos cómo estaban ensambladas, luego, al tumbarlas
vimos que tenían un tornillo y fue fácil desmontarlas. Ahí nos ayudó una
persona más a traerlas”, explicó el padre.
El año pasado unos
jóvenes voluntarios pintaron los bancos y bajaron los candelabros, y los electricistas del Municipio de Solís
Grande colocaron luz provisoria. El ropero comunitario que coordina Pastoral Social fue trasladado al garaje del colegio.
Según el padre Matías la decisión de cambiar el techo la
tomó para combatir a “los vampiros”,
como dice él- medio en serio, medio en broma-
“el problema de los murciélagos es el olor, los piojillos que sueltan,
cómo manchan el suelo.”
Han intentado con otras técnicas, pero no han sido
eficientes, ni fumigar, ni colocar un
dispositivo de infrasonido, porque los
animales vuelven a poblar la iglesia. “Mi idea es regalarle todas las chapas al municipio
para construir otra cosa”, su propuesta
es hacer un “vampirario”: un galpón con esas
chapas, para que los murciélagos lo adopten como residencia. Hay que
recordar que los murciélagos comen mosquitos.
Hace unos diez años o más, los murciélagos eran parte de la
cadena alimenticia que reinaba en el templo: una lechuza vivía en el
campanario. Pero fue trasladada a la reserva de fauna autóctona de Pan de
Azúcar porque también causaba molestias
a quienes estaban en la parroquia. Colman recuerda que en varias oportunidades
los chiquilines de catequesis se asustaban cuando la veían durmiendo en una
claraboya, “eso ¿qué es, maestro?” preguntaban.
Un vecino del pueblo,
Alfredo Hernández le propuso al párroco recurrir al Batallón de Ingenieros N°4
Laguna del Sauce. “Le hicimos un
escrito, pensábamos que iban a venir en enero, pero ese mes estaba la
huelga de la recogida de la basura en Montevideo. Otro grupo estaba con las
inundaciones de Salto y Paysandu, y otro
en Piriápolis para abastecer de agua a
los balnearios, luego apagando un incendio.”
El domingo 8 de mayo
celebraron la misa en la capilla del colegio, y esa semana el miércoles comenzó el trabajo del Batallón. La capitana
Leticia Cabral, joven militar de 35 años, llegó con ocho efectivos a cargo. “El
año pasado el padre Matías fue a charlar
conmigo y a contarme lo que querían hacer, e iniciamos las tratativas para que
nos dejaran venir a ayudar a cambiar el techo de la iglesia” afirmó la
capitana.
El trabajo lo van a realizar con dos grupos de ocho
soldados, un sargento encargado y un cabo, con apoyo del personal del
municipio. La primera tarea fue pintar de blancos unos chapones de madera
compensada que irán de cielorraso. El
jueves 12 empezaron a cambiar el techo “en equipos de cuatro, dos arriba
y dos abajo, lleva mucha precisión, mucho cuidado, las medidas de seguridad
tienen que estar super controladas” enfatizó.
A quienes usan este lugar como punto de referencia en la
ruta 9, frente a los campos que
pertenecieron al ingenio azucarero RAUSA, con vista a las Sierras de las
Animas, tenga en cuenta que el lugar
está cambiando de aspecto: las chapas de
dolmenit gris están dando paso a las de zinc verdes.
La Sagrada Familia se prepara para celebrar sus 70 años.
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