jueves, 19 de mayo de 2016

DEL GRIS AL VERDE: CAMBIAN EL TECHO DE LA PARROQUIA SAGRADA FAMILIA

Pueblo Gregorio Aznárez, ruta 9, km 87.

Es 24 de diciembre de 1948, las campanas anuncian la “misa de gallo”, desde las chacras se ven llegar carretas,  alumbradas con faroles, y sobre ellas familias que llegan a la celebración.
 La Parroquia Sagrada Familia  cumplirá setenta años en 2017, fue construida desde 1943 a 1947.  Los vecinos más longevos de este pueblo cuentan que antes de que se inaugurara el templo los sacramentos de la iglesia católica se celebraban en la ex Fábrica  Rausa, y se registraban en la parroquia de la ciudad de Pan de Azúcar.
El padre Matías Acebes llegó hace siete años, es español e integrante de la congregación de Los Palotinos. Aunque en los primeros meses tuvo que convivir con ratas, arañas y hormigas, le tomó cariño  al pueblo, y se quedó. La casa parroquial estaba en situación ruinosa, el suelo del dormitorio tenía un hormiguero debajo y en el comedor, estaba hundido.  El catequista Guido Colman  explica “muchas de las cosas las arregló él mismo, hace de albañil, de carpintero.” El techo de la casa  tenía abejas, goteras y murciélagos, en el temporal del 23 de agosto de dos mil cinco perdió unas chapas que fueron repuestas de forma provisoria. Mario De león, un albañil del pueblo cambió el techo.
Para los 70 años  “queremos tener la reforma hecha para que esté más confortable,  colocar  cielorraso para tener menos frio en invierno y menos calor en verano, y  al mismo tiempo evitar que los murciélagos entren.” Además el techo tendrá algunas chapas transparentes para que permitan el ingreso de la luz natural.
En las últimas semanas  de abril y primeras de mayo  Colmán y el padre Matías trasladaron, en seis o siete viajes de camioneta  los 27 bancos y las imágenes para el Colegio Presentación de la Virgen Niña. “Fuimos trayendo de a tres bancos por viaje –nos cuenta Colmán- al principio dejamos ocho, para las últimas misas que se dieron en la parroquia”.
Ahora los dos  Ángeles, San Francisco de Asís y  San Francisco Labrador, estás guardados en un aula  del colegio. “El problema con las imágenes era que nos sabíamos cómo estaban ensambladas, luego, al tumbarlas vimos que tenían un tornillo y fue fácil desmontarlas. Ahí nos ayudó una persona más a traerlas”, explicó el padre.
El año  pasado unos jóvenes voluntarios pintaron los bancos y bajaron los candelabros, y  los electricistas del Municipio de Solís Grande colocaron luz provisoria. El ropero comunitario que coordina  Pastoral Social  fue trasladado al garaje del colegio.
Según el padre Matías la decisión de cambiar el techo la tomó para combatir  a “los vampiros”, como dice él- medio en serio, medio en broma-  “el problema de los murciélagos es el olor, los piojillos que sueltan, cómo manchan el suelo.”
Han intentado con otras técnicas, pero no han sido eficientes,  ni fumigar, ni colocar un dispositivo de infrasonido, porque  los animales vuelven a poblar la iglesia.  “Mi idea es regalarle todas las chapas al municipio para construir otra cosa”,  su propuesta es hacer un “vampirario”: un galpón con esas  chapas, para que los murciélagos lo adopten como residencia. Hay que recordar que los murciélagos comen mosquitos.
Hace unos diez años o más, los murciélagos eran parte de la cadena alimenticia que reinaba en el templo: una lechuza vivía en el campanario. Pero fue trasladada a la reserva de fauna autóctona de Pan de Azúcar porque  también causaba molestias a quienes estaban en la parroquia. Colman recuerda que en varias oportunidades los chiquilines de catequesis se asustaban cuando la veían durmiendo en una claraboya, “eso ¿qué es, maestro?” preguntaban.
Un vecino  del pueblo, Alfredo Hernández le propuso al párroco recurrir al Batallón de Ingenieros N°4 Laguna del Sauce. “Le hicimos un  escrito, pensábamos que iban a venir en enero, pero ese mes estaba la huelga de la recogida de la basura en Montevideo. Otro grupo estaba con las inundaciones de Salto y Paysandu,  y otro en Piriápolis  para abastecer de agua a los balnearios,  luego  apagando un incendio.”
El domingo  8 de mayo celebraron la misa en la capilla del colegio, y esa semana el miércoles  comenzó el trabajo del Batallón. La capitana Leticia Cabral, joven militar de 35 años, llegó con ocho efectivos a cargo. “El año  pasado el padre Matías fue a charlar conmigo y a contarme lo que querían hacer, e iniciamos las tratativas para que nos dejaran venir a ayudar a cambiar el techo de la iglesia” afirmó la capitana.
El trabajo lo van a realizar con dos grupos de ocho soldados, un sargento encargado y un cabo, con apoyo del personal del municipio. La primera tarea fue pintar de blancos unos chapones de madera compensada que irán de cielorraso. El  jueves 12 empezaron a cambiar el techo “en equipos de cuatro, dos arriba y dos abajo, lleva mucha precisión, mucho cuidado, las medidas de seguridad tienen que estar super controladas” enfatizó.
A quienes usan este lugar como punto de referencia en la ruta 9,  frente a los campos que pertenecieron al ingenio azucarero RAUSA, con vista a las Sierras de las Animas,  tenga en cuenta que el lugar está cambiando de aspecto: las  chapas de dolmenit gris están dando paso a las de zinc verdes.
La Sagrada Familia se prepara para celebrar sus 70 años.

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